miércoles, 4 de abril de 2012

Hay danzas sin sentido y teatros con poca forma

Me es imperioso apuntar algo que con una danza me hizo entender ayer. y es que al leer una frase de Kazuo Ohno me viene a dar la conclusión de algo que venia rondando en mi cabeza.

"Tu danza no tiene valor alguno a menos que logres la atención del espectador en un nivel espiritual." (Kazuo Ohno)
Y es que es peligroso, seductor y atrayente caer en la magnificación del cuerpo sólo en el sentido de lo bello, lo increíble, lo impresionante. El teatro no solamente busca llenar de imágenes decorativas e impresionantes. He escuchado muchos vectores de hacia dónde va el quehacer teatral personal. Unos avocan a la innovación teatral, otros a la muestra de una técnica finísimamente depurada, algunos más en la fractura total de las convenciones sociales y corporales.
Todos estos vectores bien podrían caer en estadios banales y secos por sí mismos cuando no se profundiza en la naturalidad de dichos movimientos. Grotowsky buscaba una originalidad del espectáculo teatral y lo encontró en el rito.
Pero... ¿Que es el Rito?
No lo se.

Sin embargo hablaré de él como si lo conociera aunque no sea cierto. Así como creemos conocer a nuestros amigos y los describimos como si fueran nuestros, de esa manera hablaré del rito.

El rito parece encontrar una naturaleza que no es definible porque se encuentra en constante cambio. Nuestro mundo vive rodeado de ritualización en cada instante, como cada instante es distinto, no es posible definirlo. Hasta la situación más cotidiana e inmunda como el orinar o defecar se encuentra ritualizada. El rito es la simbolización de nuestros actos, el trasponerlos a una imagen y dándoles una significación más importante de lo que podría parecer. 

Es ahí donde el espíritu tiene su morada: en cada rito cotidiano de nuestros días, en el acontecer que se le guarda el respeto obsesivo por hacerlo. El espíritu es la convivencia de nuestro cuerpo y sus necesidades con nuestro razonamiento e inteligencia. El mundo no está separado y no es un problema filosófico si comprendemos al espíritu como puente invisible e interminable de estas dos esferas de nuestra cosmovisión. El espíritu no se siente con el cuerpo, ni se entiende en nuestros instintos, tampoco se conceptualiza y se razona. El espíritu se vive en el transcurrir del movimiento, es lo que da alimento a la gran tragedia humana que nos recuerda que no somos ni animales ni dioses. La ritualización del mundo es lo que nos conecta con lo que hacemos, lo que nos mantiene libres de cualquier cárcel metodológica o del caos sin sentido.
La imagen teatral no se siente
Por eso no le basta con sólo romper convenciones o mostrar la técnica amaestrada

Tampoco se piensa
Por eso no le basta con innovar sólo porque así la historia del teatro lo defina.
La imagen teatral se vive con el lenguaje del espíritu, que es el rito de mis pasiones animales redefinidas en una imagen diferente. Es por eso que puedo ver al mejor robot bailarín (use hipotéticamente a un robot Nureyev) que ha dominado las técnicas dancísticas sin su espíritu y rechazarlo. así como puedo rechazar al caos puro de un bailarín iniciado con toda su pasión volcada, pero sin poder traspolar sus imágenes a su cuerpo.
El espíritu se comunica y se relaciona con todo lo que le rodea. Pero en esta contemporaneidad es difícil escucharlo. Ahora nuestro espíritu se entiende más con máquinas, con redes invisibles, incluso con plantas o animales antes que con nosotros mismos. Esto debido a que hemos dejado de usar el lenguaje que entre espíritus humanos es usado. Ahora nos sujetamos a no hablar y a no intentarlo con otras personas porque nos hemos dejado de entender y tenemos más cosas no humanas con quien creemos entendernos, pero no son más que un banal reflejo de lo que queremos ver. 

El teatro busca diálogo a un nivel antiguo, la conversación humana, que provoca un conocimiento y una redefinición de lo real que suele ser más imperioso que el de la propia literatura porque es el lenguaje básico del espíritu.

El enriquecimiento del lenguaje del espíritu solo puede darse con prácticas religiosas y ritualizantes.

En el acontecer diario tu espíritu me llamara y podré ver lo hermoso que eres...


viernes, 2 de septiembre de 2011

Comienzo de actividades destinos y fallos

Comencemos desde el postulado de que el mundo es una representación de la voluntad.

La voluntad de vivir, el eterno drama del mundo es la necesidad de una trascendencia en este mundo. La intelectualización no encuentra un sustento por ella misma, la sensación de que en este mundo no hay nada concreto más que las propias ganas de vivir y continuar en este estado instintual totémico.

Mucho se habla del teatro de tópicos, el teatro que busca temas de la actualidad para tratarlos como una bandera ideológica o política. El teatro que toma el fenómeno en boga y lo lleva al escenario para abrir una reflexión, el teatro que habla sobre el narcotráfico, la pederastía, el mal gobierno, la sindicalización, el proletariado.

A mi aspecto personal de ver las cosas este teatro falla. Falla en la intención más no necesariamente en la acción; falla en la intención de montar lo que ya está representado. Representar el mundo, concretizarlo en temas y fenómenos de la actualidad ya es un montaje teatral. ¿Para qué montar el montaje? Para qué representar en el escenario lo que ya está representado en el mundo y corre por las venas de los medios y escenifica el mundo entero. Si hay alguna naturaleza en la intención de Anda sin Zapathos por hacer teatro no nace del tópico, el fenómeno que acontece y viene empaquetado, embalado, listo para consumir, el suceso recortado en un concepto bien definido y listo para ser señalado entre la multitud.

Anda sin zapathos busca representar lo que de la voluntad misma emerge. Y si esto suena como proyecto ambicioso, no es más que un pernicioso efecto del lenguaje. La cuestión es más sencilla. partimos de representar al mundo desde nuestros deseos y anhelos, de las festividades de la carne y el instinto. Si de esta fiesta sale algún tema o es absorbido por alguno de estos tópicos, no será nuestra intención. Representaremos al mundo como lo hacemos todos a diario, sólo que esta vez se encontrará recortado en un escenario y se utilizará elementos que el viejo arte del teatro nos proporciona: el cuerpo y su magnificación. El cuerpo hecho megáfono y con los menores ropajes posibles.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Manifiesto del Anda sin Zapathos (o entrevista a sí mismo)

Hacemos teatro, ¿para que?
Nunca hemos necesitado una justificación para hacer teatro, ella llega a nosotros en el proceso de creación y nos completa los resquicios de vacío que quedan. Lo que nos empuja a hacer teatro es una necesidad que no parte de una explicación objetiva. Unos buscan una katarsis, otros buscan otro medio de expresión, otros una realización en su vida y uno que otro encontrarse a si mismo. Muchas expresiones de la cultura se conforman como un complejo de distintos elementos dando vida a un entramado de ideas y sensaciones que reflejan una conciencia humana a través del teatro.

El para qué del teatro no es suficiente para negar su existencia porque implica otros lenguajes que atienden a formas del hombre que no entienden de razones y justificaciones. El teatro existe como una necesidad tan primordial que no se configura en su propia problemática; el teatrero es o no es, y no se lo pregunta.

¿Qué temas trata Anda sin Zapathos?
Todo el que refiere a lo humano significaría una respuesta fácil y demasiado abarcante a la pregunta. Es por eso que la selección de los temas buscan sensibilizar al público y al actor de su situación como habitante de su cuerpo y de su mundo en vías de problematización de lo ya establecido con propuestas que nazcan del mismo actor, que se encuentra en búsqueda de nuevas experiencias en su vida.

¿Qué objetivo tiene Anda sin Zapathos?
No objetivar. Que su proceso no se disperse en su pensamiento, sino que sea llevado al acto para crecer con pies firmes a un destino desconocido.

¿De dónde sale la inspiración del grupo?
De los escondites más oscuros y recónditos que se encuentren en su mente y su cuerpo. lugares donde normalmente se teme explorar

¿Algo más?
El actor se entiende con distintos elementos en su actuar:

Hagamos una mirada telescópica al teatro:
Actor
Público
Escenario

Actor.
Mente: su capacidad para discernir la estructura del texto y el drama que va a    acontecer se gesta aquí.
Cuerpo: su elemento primordial de expresión
Espíritu: su capacidad para transmitir sensaciones en el público parte de la energía y fuerza con que el actor se encuentra en presencia del público, de esto consta el espíritu

Escenario.
Altura: distancia entre un lado o cara y el vértice o el punto más alejado en la dirección perpendicular
Largura: distancia entre dos puntos. X en un plano cartesiano dibujado en la tierra
Anchura: distancia entre dos puntos. Y en un plano cartesiano dibujado en la tierra

Público:
Una incógnita, el destino de nuestro trabajo